domingo, 1 de febrero de 2026

 



UNA  HISTORIA PERDIDA

 

 

A paso calmado, la joven dio la vuelta a la esquina para divisar el portal de la casa como todas las tardes; el paseo por la plaza es el instante más preciado luego del trabajo. Para Kaori no hay un momento más hermoso que ese.

La tarde caía cuando entró por el portal atravesando el pequeño jardín de su casa, pero el sonido de un piar la detuvo hacien­do que desvíe su mirada hacia el árbol de acacia al pie de la ventana. Allí, a los pies del árbol, indefenso y a medio vestir de plumas estaba el responsable de aquel sonido: un pequeñuelo que al parecer había caído del árbol, o por lo menos, eso pensó. Hay algunos pájaros que tienen costumbres extrañas basados en la ley del más fuerte…el más fuerte sobrevive, y el más débil queda relegado. Al subir al árbol con algo de dificultad, para averiguar lo ocurrido, Kaori comprobó aquello…allí estaban los ruidosos y emplumados padres con un robusto polluelo que pedía a gritos su alimento.

De regreso al suelo, la chica tomó a su protegido entre sus manos como quien lleva un tesoro frágil y valioso, lo colocó con cuidado en la mesa junto a su cama donde preparó un cómodo e improvisado nido. Uta, pensó la chica. Ese sería un nombre adecuado para la pequeña ave, entonces sonrió al pequeño que se movía enérgicamente en el improvisado nido.

Conforme pasaron los días, las semanas y las estaciones, el pequeño Uta crecía más fuerte, sus padres y hermano habían abandonado el nido, mientras él se vistió de un vistoso plumaje entre amarillo y gris que sacudía orgulloso cada mañana al estar de pie en la ventana. Él adoraba oír la voz de Kaori cuando can­taba mientras hacía sus quehaceres o cuando estaba sentada frente a su escritorio escribiendo, de la misma manera que ella observaba embelesada el dulce sonido que brotaba de los trinos de la pequeña ave cada mañana, cuando estiraba sus alas en el árbol junto a su ventana, o cuando salían a la plaza por las tardes.

La primavera había pintado de colores el jardín, todo lucía ves­tido multicolor. Uta miraba el cielo azul e inmenso ante él, veía los otros pájaros pasar y sus ojitos brillaban, pero luego volteaba la vista hacia Kaori y volaba a su lado. Un día, Kaori lo vio en la ventana, mirando el cielo cuando un grupo de jilgueros pasó por allí; lo miró en silencio, moviendo sus plumas con alegría al verlos y volviendo a su silencioso paso de vaivén en el borde de la ventana hacia la rama más cercana de la acacia.

Una tarde, mientras paseaban, Kaori tomó a Uta en su mano y lo colocó sobre una rama del árbol al pie de la banca donde estaba sentada, lo miró con una triste sonrisa mientras la pequeña ave movía su cabeza de un lado a otro, observándola:

“He visto cómo miras el cielo cada día, he visto el brillo de tus pequeños ojos al ver a tus hermanos pasar en cada estación…me preguntaba en qué momento te llamaría el cielo para que pruebes el aire y el sol bese tus alas. Debes volar pequeño Uta, no refrenes el deseo en tu pecho por tocar el cielo, vuela y siente por tus venas el sabor de la libertad”

Uta no entendía el significado de las palabras de Kaori, o quizás sí las entendía, y entonces habló:

“Pero no deseo irme. Me has cuidado todo este tiempo, desde el día en que me encontraste al pie de aquel árbol. Bajo el calor de tus manos y tus cuidados me he convertido en lo que soy , y he sido feliz oyendo la melodía de tu voz cuando cantas o cuando lees a media voz…”

Kaori sonrió, y replicó:

“Tienes que saber que hay lazos que permanecen más allá de todas las cosas e incluso más allá del tiempo. El amor no quita libertad, … te la entrega. Debes obedecer el llamado de tu natu­raleza, vuela libre y no mires atrás. Mi ventana estará siempre abierta para ti, y el árbol de acacias no irá a ningún lado; mien­tras vuelas libres, yo estaré mirándote desde aquí, sintiéndome orgullosa y feliz de ver como brillan tus alas bajo el sol. Y cada vez que sientas nostalgia o añoranzas, llevarás algo que no se borrará mi pequeño, ¿sabes lo que es? Se llaman recuerdos, eso nadie te los quitará y serás feliz cuando vengan a tu mente”

Uta miró a Kaori. Ella hablaba en serio. Entonces miró hacia el grupo de pájaros que pasaba cerca y miró a la chica que asentía con la cabeza mientras buscaba algo en su bolsillo. Ató una cinta muy fina a su pata izquierda, de color azul.

“Vuelve cuando quieras, pues aquí estaré. Y esto que llevas te recordará el camino de regreso a casa.”

Uta sintió algo extraño en el pecho. ¿qué era aquello que de repente se agitaba en su corazoncillo que latía tan a prisa, y que parecía ahogarlo? Entonces desplegó sus alas, las agitó con fuer­za dos, tres veces y remontó el vuelo alto, y más alto. No mirar atrás dijo Kaori…no mirar atrás…pero… ¿cómo no mirar? Miró hacia el suelo a la figura que se hacía más lejana conforme se elevaba más hasta que se perdió de vista.

Ahora cada primavera hay canto y música en la ventana de Kaori, porque el árbol de acacias se viste de naranja vistoso y se ve más vistoso aún con las notas del canto de Uta a su adorada amiga, y un pequeño ramito de jazmín aparece cada mañana en la ventana de la chica, lo cual le arranca una sonrisa.

 


 



Ensueño

 

 

He pedido a la noche bella e infinita,

revélame el secreto de tu magia;

ven, y vuela conmigo, me grita,

te mostraré lo que tanto esperabas.


El viento susurra mil nombres, 

en su seno lleva tonadas,

trae con él aromas y perfumes,

y el canto dichoso de las ondinas y las hadas.


Las estrellas brillan a lo lejos, 

con su luz tenue y blanca,

parpadeantes zafiros luminosos 

encendidos sobre mi oscura pantalla.


La luna, diosa hermosa y serena,

se ha elevado en el horizonte a sus anchas,

mi amiga, mi fiel compañera,

de tantos misterios, la guardiana.


El silencio y sus sonidos se mezclan

para ceder el paso a la aurora, 

mi hermana la mañana se anuncia y no espera, 

ya debo partir, es hora.


Despierta, poeta, te he dado lo que pediste,

 escribe entonces el poema que soñabas,

serán ahora lo inefable e intangible

  las musas que te inspirarán y te llenarán con su magia.

 


  REGRESO       Estrellas, guías de los extraviados caminantes, Noche, guardiana eterna de misterios, Viento, imparable y aventure...